La autora María Cristina Davini plantea, la revisión de las tradiciones que operaron en el pasado y que se han acentuado en los sujetos y en las instituciones en las que muchas veces las reformas que plantean desde la inconformidad de los logros de la escuela, o desde los propios cambios políticos, terminan reforzando dichas tradiciones. Se debe entender a estas últimas como configuraciones de pensamiento y acción que se han construido históricamente y que se mantienen a lo largo del tiempo en la formación de los docentes, ya que están institucionalizadas, incorporadas a las prácticas y a la conciencia de los sujetos. Por eso, es que la autora plantea que reflexionar sobre estas tradiciones y otras que no han llegado a constituirse en tradiciones, pero que circulan entre los docentes y a nivel de discurso, es un ejercicio útil para comprender dónde estamos situados e identificar nuestras propias argumentaciones y nuestros propios compromisos. Tradición normalizadora-disciplinadora. A raíz de la consolidación de las naciones, los distintos gobiernos buscaron expandir la escolarización y establecieron al Estado central como agente educador principal. Actuando en función del proyecto y bajo la conducción de las elites agraria y urbana, responsables de la integración económica del país al capitalismo, a través de la agroexportación. Los gobiernos pensaron que educar a la población era parte de la política de Estado. Los contingentes inmigratorios que llegaban a nuestro país, hicieron que se pensase en la forma de integrar aquello que estaba disperso. Se orientó la enseñanza escolar hacia una finalidad de educación patriótica, de valoración de la tradición, de convocatoria a la homogeneidad. Para esto, se necesitó una legión de docentes comprometidos con la escuela, creándose para ello las escuelas normales encargadas de preparar a este personal dentro del nivel de enseñanza media y secundaria. La empresa educativa se orientó, desde entonces, mucho más hacia el disciplinamiento de la conducta y la homogeneización ideológica de grandes masas poblacionales, que a la formación de habilidades o al desarrollo del pensamiento o del conocimiento. Si bien se insistió en la imagen del docente como difusor de la cultura, esta cultura se definió por la inculcación de formas de comportamiento y por el conocimiento mínimo básico, susceptible de ser enseñado y considerado “útil” para las grandes mayorías. Al mismo tiempo, el maestro era el encargado de impulsar y concretar en la comunidad las campañas de salud pública y diversas acciones de control social. La consolidación de tal proyecto tuvo en la filosofía positivista un aliado fundamental a través de las nociones de “orden y progreso” de la laicización de la enseñanza y de la organización de un sistema de instrucción pública. Los rasgos centrales de la tradición normalizadora se caracterizaron por el papel fundamentalmente moralizador y socializador que se le asignaba al docente. En la actualidad, está tradición se hace presente en el discurso prescriptivo que indica todo lo que el docente debe ser, ya sea como modelo, ejemplo, o símbolo. También se hace presenta cuando se fomenta una escuela “ilusoria” cargada de símbolos abstractos, rituales y rutinas homogeneizadoras. Así como también, la tendencia a modelizar la realidad, sin consideración de lo heterogéneo. Espasandin Gonzalez.
La tradición académica: El docente enseñante. Esta tradición se origina en la enseñanza universitaria. Y lo esencial para la formación docente es el conocimiento de las materias a enseñar, es decir, el sólido conocimiento que los docentes debían poseer de la materia que enseñaban. Desde esta perspectiva, la formación pedagógica es débil, superficial e innecesaria. Pero por detrás de la defensa del enfoque académico, se asentaba la disputa, entre los grupos de expertos, los pedagogos y los docentes. Y esto, a su vez, dejó en evidencia la disputa entre sujetos sociales con capital cultural diferente. La tradición académica, como producto de la racionalidad positivista, en la que se funda, continúa sosteniendo una desvalorización del conocimiento pedagógico y la creencia en la neutralidad de la ciencia. Pero esta tradición deja por fuera cuestiones que preocupan, como, por ejemplo, que no abordan las condiciones de trabajo docente ni la organización de la escuela. Además de que, obtura el debate pedagógico; lo limita a la “transposición didáctica”. Y consolida la posición del docente como “reproductor” de conocimiento. En la actualidad, esta tradición suele predominar en los discursos donde los saberes que portan los alumnos no se los considera significativos, ya que únicamente se valoran los contenidos ligados a los saberes académicos. Así, como también, en los debates sobre el vaciamiento de contenidos en la escuela y la difusión de propuestas que relegan el debate pedagógico a cuestiones de instrumentalización didácticas de las disciplinas. Tradición eficientista: el docente técnico. Esta tradición surge en la década de 1960, y estuvo ligada a la ideología desarrollista, donde se considera a la escuela como aquella formadora de recursos humanos para una sociedad con progreso técnico. Es así, que se introdujo, “la división del trabajo escolar”, separando a los planificadores, los evaluadores, los supervisores, los orientadores educacionales y muchas otras categorías, y la función del docente quedó relegada a la del ejecutor de la enseñanza. Así, aparece la organización del curriculum, elaborado por “otros”, y constituyéndose en un objeto de control social. Pues, de esta manera el docente se asemeja a un técnico, en la que su labor consiste en “bajar a la práctica” el curriculum prescripto sobre la base de la medición de rendimientos pautados por objetivos de conducta. La planificación garantizaría la eficiencia, basándose como fundamento teórico de la psicología conductista. En la actualidad, esta tradición suele hacerse presente en la visión instrumental del proceso de enseñanza, y en el control extremo a la escuela, que omite los procesos internos de la misma y la pérdida del docente sobre el control de las decisiones en la enseñanza. Espasandin Gonzalez
Hola, muy interesante síntesis, aunque tendrían que incorporar aquellas tendencias alternativas que no llegaron a convertirse en tradiciones. Las tradiciones se yuxtaponen también actualmente, y cobran énfasis alternativamente, según el contexto. Les propongo pensar en el DC 2018 y contexto actual, y ponerlo en relación con los contenidos que aquí abordaron. Saludos
Las tradiciones en la formación docente son construcciones históricas que configuran una forma de pensamiento y acción, que luego se institucionaliza y perdura en las prácticas. Actualmente, conviven diferentes tradiciones que expresan diferentes intereses y conflictos, y se ven reflejadas en la imagen que se tiene de la docencia. Algunas de estas, son prototípicas de algún nivel educativo en particular, aunque puedan extenderse a otros; y otras no llegan a institucionalizarse y quedan solo en el discurso docente. Una de las grandes tradiciones es la normalizadora-disciplinadora, que surge a partir de la formación de los estados y su masificación. De esta manera, su propósito era formar ciudadanos acordes a los modelos hegemónicos, centrándose sobre todo en el disciplinamiento y la transmisión de valores y de la moral. El docente, encargado de esta tarea civilizadora, también se encargaba de las campañas de salud y del control social así como de la socialización de los alumnos, ejerciendo de este modo un papel indispensable en la formación ciudadana. Por otro lado, encontramos la tradición académica, impulsada por Flexner y sustentada en el positivismo, que cuestionaban la formación pedagógica. En esta línea de pensamiento, el docente debía apropiarse de los conocimientos que tenia que enseñar. La importancia de lo "pedagógico" pasa a un segundo plano, dejando a los saberes estrictamente académicos como condición principal para llevar adelante la enseñanza. Por último, encontramos la tradición eficientista, que surge en la década del '60 y se relaciona con la modernización. Para ello, se propone a la escuela como principal agente encargado de llevarla a cabo; los docentes son ejecutores que sólo se encargan de aplicar las técnicas necesarias para que los alumnos aprendan. La diversidad es dejada de lado y se plantea que con la ejecución de técnicas es suficiente para hacer llegar el aprendizaje a todos los niños. Además de estas tres tradiciones, encontramos otras tendencias alternativas. Estas circulan en el discurso y surgen como proyectos planteados por docentes que se presentan como una resistencia a los modelos hegemónicos. Estas se desarrollan con mayor frecuencia en países cuyos sistemas educativos se encuentran más descentralizados, dando mas lugar a proyectos locales. En la actualidad, muchas características de estas tradiciones subsisten en las practicas cotidianas y discursos. Un ejemplo de esto es el papel prescriptivo que se le da al docente, adjudicándole todo lo que debe ser y olvidando lo que es. Otro punto que aparece es la neutralidad de la escuela, ignorando así las decisiones políticas que se toman en ella con respecto a loa diferentes hechos. Leonela Espínola y Rocío Leiva
Hola, chicas, muy interesante síntesis. Efectivamente, las tradiciones se yuxtaponen también actualmente, y cobran énfasis alternativamente, según el contexto. Les propongo pensar en el DC 2018 así como ya lo hicieron sobre el contexto actual, y ponerlo en relación con los contenidos que aquí abordaron. Saludos
María Cristina Davini plantea como las tradiciones fueron conformando a la formación docente y que se mantienen a lo largo del tiempo incorporadas a la práctica y la conciencia de los sujetos. Las diversas tradiciones conviven en el presente expresadas en acuerdos y desacuerdos, intereses mutuos y conflictos. Se trata de comprender el presente a través de un rastreo del pasado, más allá del momento histórico sobreviven actualmente en la organización, el currículum, las practicas y los modos de percibir al sujeto, reflexionar sobre esto, nos hace comprender donde estamos situados e identificar nuestros argumentos. Tradición normalizadora-disciplinadora: el Buen Maestro. Con la llegada de la inmigración y el desarrollo de las industrias, la escuela cumplió un rol importante en organizar una nación. El proyecto educativo se centro en la formación de un ciudadano (ya que no solo había personas que no estaban alfabetizadas sino que se encontraban con mas extranjeros) con misión de corte civilizadora, el docente era el que debía disciplinar la conducta, transmitir valores, y ser un difusor de la cultura. Tradición académica: El docente enseñante. Se sustentaba en el positivismo. Se distingue de la tradición anterior respecto a dos cuestiones: por un lado la formación y la acción de los docentes es conocer la materia que enseñan, ya que este debía apropiarse de esos conocimientos, por otro lado consideraban que la formación pedagógica era débil, superficial e innecesaria. Se entendía a la ciencia como modelos de conocimientos. Tradición eficientista: el docente técnico. Surge en la década del 60’ ligada a la ideología desarrollista, la cual postula la necesidad de llegar a la sociedad industrial moderna. Ésta tradición plantea un pasaje hacia un futuro mejor. Se consideraba a escuela como un instrumento para apoyar el logro de productos del nuevo orden social, con ello se introdujo la división técnica del trabajo escolar. En función de este modelo el docente es visto como un técnico su labor consistía en aplicar las técnicas para los alumnos aprendan. Aparte de estas tradiciones podemos encontrar también tendencias alternativas que son proyectos ideológicos pedagógicos de los docentes como formas de resistencia a los proyectos de dominación de las tradiciones hegemónicas, estas tendencias pudieron concretarse en algunos países con políticas educacionales descentralizadas, lo que facilitaba la elaboración de proyectos locales. Para nosotras en la actualidad estas tradiciones continúan insertadas en las prácticas de enseñanza, donde el docente es limitado tanto a lo que debe dar, como lo va a dar y sin tener presente la realidad que encuentra en el aula. Por otro lado en la escuela ya que hoy por hoy tiene un papel más equitativo en cuanto a la toma de decisiones que se tienen de la misma. Eliana Flores y Jaqueline Lòpez.
La autora María cristina Davini, hace un reconocimiento de las tradiciones en la formación docente, cimentados en las instituciones y los estudiantes que lo frecuentan. Esas tradiciones sufrieron reformas a lo largo de su historia, porque, parte de esas tradiciones eras obsoletas o simplemente no se obtenían los logros necesarios, así como también los cambios políticos las intervinieron todo eso genero un acantonamiento de dichas tradiciones. La autora nos recuerda que comprender esas tradiciones nos lleva a reflexionar sobre nuestra propia formación docente. La tradición normalizadora-disciplinadora, en un contexto de un país recién formado, en vías de expansión social, como territorial, con un fin aportado por el poder hegemónico del momento, el gobierno decidirá homogenizar las masas, a través de la erradicación de su cultura e imponiendo una cultura patriótica, y valorando las tradiciones impuestas. Para esto se preparó a los docentes en las escuelas normal. La educación se convirtió desde ese momento en un instrumento disciplinador de las conductas, y homogeneizador ideológico de una población heterogenia y en vías de expansión. La imagen del docente como formador cultural, también se desempeñaba como promotor de las campañas de salud y control público: Adopta una concepción positivista, donde el orden lo que determina el progreso, Homogeneización ideológica, donde la función principal era formal al ciudadano y el Docente es disciplinador de conductas, papel moralizador. En la actualidad esta tradición se ubica en la idea utópica de la escuela, donde docente e institución son modelos, patrón, un arquetipo, ejemplos a seguir, pero no se contempla la idea de contenido carente de sentido. Modelo prescriptivo que indica todo lo que el docente debe ser, ya sea como modelo, ejemplo, símbolo entre otros. La tradición académica, se distingue con respecto de 2 cuestiones básicas: Lo esencial en la formación y acción de los docentes es que conozcan sólidamente la materia que enseñan y la formación pedagógica es débil, superficial e innecesaria y aun obstaculizada la formación de los docentes. La baja calidad no es el problema exclusivo de los cursos pedagógicos, sino que puede extenderse a la formación en la disciplina especifica. En Argentina tiene sus orígenes en la enseñanza universitaria, en el monopolio de la formación de profesores para la enseñanza media y de los profesores de la universidad, la falta de una definición política para la enseñanza media y para la información de los profesores tanto en institutos terciarios como en la universidad. La discusión de nuevas propuestas queda, y así, de esta manera queda postergada sin superar los conflictos de origen. La autora plantea la importancia de un sistema de permanente debate y ajuste acerca de que se enseña en las escuelas, dentro de un enfoque de política cultural. Los docentes deberían dominar los contenidos que enseñan. Nadie enseña realmente aquellos que no conoce de verdad. En la actualidad esta tradición se presenta en los discursos de los docentes, donde no se plantea un aprendizaje mutuo, sino más bien con una sola orientación, ya que solo son aptos los saberes académicos.
La tradición eficientita, aparece en la década del 60´, ha producido la mayor manera de reformas en el sistema educativo, con una ideología desarrollista, con la necesidad de llegar a la sociedad “moderna”, llegar a ser una sociedad progresista, entendida como el estadio dl progreso técnico. Esta tradición la educación se vincula de forma a la economía, la escuela es instrumento para apoyar el logro del producto del nuevo orden social. Se introduce “la división técnica del trabajo escolar”, donde la función del docente queda relegada a la de ejecutor de la enseñanza, reproduciendo un curriculum, elaborado por otras personas, sin elaborar una transposición didáctica. La psicología conductista significó una base importante para la elaboración de estos propósitos, contribuyendo a la consolidación de estos propósitos, con un enfoque centrado en la definición precisa de objetivos operativos y control de resultados. En la actualidad esta tradición se hace presente en el mecanismo del proceso de enseñanza, la pérdida del docente sobre el control de la misma. Las tendencias alternativas, circulan en el imaginario de los docentes, pero sin plantarse en planes concretos de formación, son proyectos hegemónicos que generan dos tendencias: La Pedagogía crítica social de los contenidos, que se centra en la recuperación de los contenidos significativos de la enseñanza y, por otro lado, la pedagogía hermenéutica participativa centrada en la modificación de las relaciones de poder en la escuela y en aula. Las tendencias que han sido competitivas, no han conseguido interesarse en formas objetivas de formación de grado y en el trabajo docente, representan proyectos ideológicos-pedagógicos de los docentes, han convivido dentro de mensajes y practicas contradictorias, que llevan a una fragmentación entre el discurso y las practicas, en la circulación entre lo real y lo imaginario, tienen intereses difusos. Estos proyectos dependen de las políticas educacionales descentralizadas, lo que facilita la elaboración de proyectos locales. En argentina y América Latina se desarrollaron al margen del aparato formal de grado, a través de proyectos voluntarios o autogenerados. En general, adoptan la forma de talleres docentes de enfoque participativo. Las tradiciones en la formación docente en la Argentina construyeron imágenes sociales que permanecen en la práctica y se renuevan periódicamente en discursos y en acciones de acción política, cada una de estas tradiciones responden a distintos proyectos sociales, luchas políticas y grupos de interés. Davini, plantea la necesidad de conformar las bases de un conocimiento y una práctica desde los grupos docentes, superando el conformismo y la pasividad. Alejandra Martínez y Luz Hermoso
La autora María Cristina Davini plantea, la revisión de las tradiciones que operaron en el pasado y que se han acentuado en los sujetos y en las instituciones en las que muchas veces las reformas que plantean desde la inconformidad de los logros de la escuela, o desde los propios cambios políticos, terminan reforzando dichas tradiciones. Se debe entender a estas últimas como configuraciones de pensamiento y acción que se han construido históricamente y que se mantienen a lo largo del tiempo en la formación de los docentes, ya que están institucionalizadas, incorporadas a las prácticas y a la conciencia de los sujetos.
ResponderEliminarPor eso, es que la autora plantea que reflexionar sobre estas tradiciones y otras que no han llegado a constituirse en tradiciones, pero que circulan entre los docentes y a nivel de discurso, es un ejercicio útil para comprender dónde estamos situados e identificar nuestras propias argumentaciones y nuestros propios compromisos.
Tradición normalizadora-disciplinadora.
A raíz de la consolidación de las naciones, los distintos gobiernos buscaron expandir la escolarización y establecieron al Estado central como agente educador principal. Actuando en función del proyecto y bajo la conducción de las elites agraria y urbana, responsables de la integración económica del país al capitalismo, a través de la agroexportación. Los gobiernos pensaron que educar a la población era parte de la política de Estado.
Los contingentes inmigratorios que llegaban a nuestro país, hicieron que se pensase en la forma de integrar aquello que estaba disperso. Se orientó la enseñanza escolar hacia una finalidad de educación patriótica, de valoración de la tradición, de convocatoria a la homogeneidad. Para esto, se necesitó una legión de docentes comprometidos con la escuela, creándose para ello las escuelas normales encargadas de preparar a este personal dentro del nivel de enseñanza media y secundaria.
La empresa educativa se orientó, desde entonces, mucho más hacia el disciplinamiento de la conducta y la homogeneización ideológica de grandes masas poblacionales, que a la formación de habilidades o al desarrollo del pensamiento o del conocimiento.
Si bien se insistió en la imagen del docente como difusor de la cultura, esta cultura se definió por la inculcación de formas de comportamiento y por el conocimiento mínimo básico, susceptible de ser enseñado y considerado “útil” para las grandes mayorías. Al mismo tiempo, el maestro era el encargado de impulsar y concretar en la comunidad las campañas de salud pública y diversas acciones de control social.
La consolidación de tal proyecto tuvo en la filosofía positivista un aliado fundamental a través de las nociones de “orden y progreso” de la laicización de la enseñanza y de la organización de un sistema de instrucción pública.
Los rasgos centrales de la tradición normalizadora se caracterizaron por el papel fundamentalmente moralizador y socializador que se le asignaba al docente.
En la actualidad, está tradición se hace presente en el discurso prescriptivo que indica todo lo que el docente debe ser, ya sea como modelo, ejemplo, o símbolo. También se hace presenta cuando se fomenta una escuela “ilusoria” cargada de símbolos abstractos, rituales y rutinas homogeneizadoras. Así como también, la tendencia a modelizar la realidad, sin consideración de lo heterogéneo.
Espasandin Gonzalez.
La tradición académica: El docente enseñante.
ResponderEliminarEsta tradición se origina en la enseñanza universitaria. Y lo esencial para la formación docente es el conocimiento de las materias a enseñar, es decir, el sólido conocimiento que los docentes debían poseer de la materia que enseñaban. Desde esta perspectiva, la formación pedagógica es débil, superficial e innecesaria.
Pero por detrás de la defensa del enfoque académico, se asentaba la disputa, entre los grupos de expertos, los pedagogos y los docentes. Y esto, a su vez, dejó en evidencia la disputa entre sujetos sociales con capital cultural diferente.
La tradición académica, como producto de la racionalidad positivista, en la que se funda, continúa sosteniendo una desvalorización del conocimiento pedagógico y la creencia en la neutralidad de la ciencia.
Pero esta tradición deja por fuera cuestiones que preocupan, como, por ejemplo, que no abordan las condiciones de trabajo docente ni la organización de la escuela. Además de que, obtura el debate pedagógico; lo limita a la “transposición didáctica”. Y consolida la posición del docente como “reproductor” de conocimiento.
En la actualidad, esta tradición suele predominar en los discursos donde los saberes que portan los alumnos no se los considera significativos, ya que únicamente se valoran los contenidos ligados a los saberes académicos. Así, como también, en los debates sobre el vaciamiento de contenidos en la escuela y la difusión de propuestas que relegan el debate pedagógico a cuestiones de instrumentalización didácticas de las disciplinas.
Tradición eficientista: el docente técnico.
Esta tradición surge en la década de 1960, y estuvo ligada a la ideología desarrollista, donde se considera a la escuela como aquella formadora de recursos humanos para una sociedad con progreso técnico. Es así, que se introdujo, “la división del trabajo escolar”, separando a los planificadores, los evaluadores, los supervisores, los orientadores educacionales y muchas otras categorías, y la función del docente quedó relegada a la del ejecutor de la enseñanza. Así, aparece la organización del curriculum, elaborado por “otros”, y constituyéndose en un objeto de control social. Pues, de esta manera el docente se asemeja a un técnico, en la que su labor consiste en “bajar a la práctica” el curriculum prescripto sobre la base de la medición de rendimientos pautados por objetivos de conducta.
La planificación garantizaría la eficiencia, basándose como fundamento teórico de la psicología conductista.
En la actualidad, esta tradición suele hacerse presente en la visión instrumental del proceso de enseñanza, y en el control extremo a la escuela, que omite los procesos internos de la misma y la pérdida del docente sobre el control de las decisiones en la enseñanza.
Espasandin Gonzalez
Hola, muy interesante síntesis, aunque tendrían que incorporar aquellas tendencias alternativas que no llegaron a convertirse en tradiciones. Las tradiciones se yuxtaponen también actualmente, y cobran énfasis alternativamente, según el contexto. Les propongo pensar en el DC 2018 y contexto actual, y ponerlo en relación con los contenidos que aquí abordaron.
EliminarSaludos
Las tradiciones en la formación docente son construcciones históricas que configuran una forma de pensamiento y acción, que luego se institucionaliza y perdura en las prácticas. Actualmente, conviven diferentes tradiciones que expresan diferentes intereses y conflictos, y se ven reflejadas en la imagen que se tiene de la docencia. Algunas de estas, son prototípicas de algún nivel educativo en particular, aunque puedan extenderse a otros; y otras no llegan a institucionalizarse y quedan solo en el discurso docente.
ResponderEliminarUna de las grandes tradiciones es la normalizadora-disciplinadora, que surge a partir de la formación de los estados y su masificación. De esta manera, su propósito era formar ciudadanos acordes a los modelos hegemónicos, centrándose sobre todo en el disciplinamiento y la transmisión de valores y de la moral. El docente, encargado de esta tarea civilizadora, también se encargaba de las campañas de salud y del control social así como de la socialización de los alumnos, ejerciendo de este modo un papel indispensable en la formación ciudadana.
Por otro lado, encontramos la tradición académica, impulsada por Flexner y sustentada en el positivismo, que cuestionaban la formación pedagógica. En esta línea de pensamiento, el docente debía apropiarse de los conocimientos que tenia que enseñar. La importancia de lo "pedagógico" pasa a un segundo plano, dejando a los saberes estrictamente académicos como condición principal para llevar adelante la enseñanza.
Por último, encontramos la tradición eficientista, que surge en la década del '60 y se relaciona con la modernización. Para ello, se propone a la escuela como principal agente encargado de llevarla a cabo; los docentes son ejecutores que sólo se encargan de aplicar las técnicas necesarias para que los alumnos aprendan. La diversidad es dejada de lado y se plantea que con la ejecución de técnicas es suficiente para hacer llegar el aprendizaje a todos los niños.
Además de estas tres tradiciones, encontramos otras tendencias alternativas. Estas circulan en el discurso y surgen como proyectos planteados por docentes que se presentan como una resistencia a los modelos hegemónicos. Estas se desarrollan con mayor frecuencia en países cuyos sistemas educativos se encuentran más descentralizados, dando mas lugar a proyectos locales.
En la actualidad, muchas características de estas tradiciones subsisten en las practicas cotidianas y discursos. Un ejemplo de esto es el papel prescriptivo que se le da al docente, adjudicándole todo lo que debe ser y olvidando lo que es. Otro punto que aparece es la neutralidad de la escuela, ignorando así las decisiones políticas que se toman en ella con respecto a loa diferentes hechos.
Leonela Espínola y Rocío Leiva
Hola, chicas, muy interesante síntesis. Efectivamente, las tradiciones se yuxtaponen también actualmente, y cobran énfasis alternativamente, según el contexto. Les propongo pensar en el DC 2018 así como ya lo hicieron sobre el contexto actual, y ponerlo en relación con los contenidos que aquí abordaron.
ResponderEliminarSaludos
María Cristina Davini plantea como las tradiciones fueron conformando a la formación docente y que se mantienen a lo largo del tiempo incorporadas a la práctica y la conciencia de los sujetos. Las diversas tradiciones conviven en el presente expresadas en acuerdos y desacuerdos, intereses mutuos y conflictos. Se trata de comprender el presente a través de un rastreo del pasado, más allá del momento histórico sobreviven actualmente en la organización, el currículum, las practicas y los modos de percibir al sujeto, reflexionar sobre esto, nos hace comprender donde estamos situados e identificar nuestros argumentos.
ResponderEliminarTradición normalizadora-disciplinadora: el Buen Maestro. Con la llegada de la inmigración y el desarrollo de las industrias, la escuela cumplió un rol importante en organizar una nación. El proyecto educativo se centro en la formación de un ciudadano (ya que no solo había personas que no estaban alfabetizadas sino que se encontraban con mas extranjeros) con misión de corte civilizadora, el docente era el que debía disciplinar la conducta, transmitir valores, y ser un difusor de la cultura.
Tradición académica: El docente enseñante. Se sustentaba en el positivismo. Se distingue de la tradición anterior respecto a dos cuestiones: por un lado la formación y la acción de los docentes es conocer la materia que enseñan, ya que este debía apropiarse de esos conocimientos, por otro lado consideraban que la formación pedagógica era débil, superficial e innecesaria. Se entendía a la ciencia como modelos de conocimientos.
Tradición eficientista: el docente técnico. Surge en la década del 60’ ligada a la ideología desarrollista, la cual postula la necesidad de llegar a la sociedad industrial moderna. Ésta tradición plantea un pasaje hacia un futuro mejor. Se consideraba a escuela como un instrumento para apoyar el logro de productos del nuevo orden social, con ello se introdujo la división técnica del trabajo escolar. En función de este modelo el docente es visto como un técnico su labor consistía en aplicar las técnicas para los alumnos aprendan.
Aparte de estas tradiciones podemos encontrar también tendencias alternativas que son proyectos ideológicos pedagógicos de los docentes como formas de resistencia a los proyectos de dominación de las tradiciones hegemónicas, estas tendencias pudieron concretarse en algunos países con políticas educacionales descentralizadas, lo que facilitaba la elaboración de proyectos locales.
Para nosotras en la actualidad estas tradiciones continúan insertadas en las prácticas de enseñanza, donde el docente es limitado tanto a lo que debe dar, como lo va a dar y sin tener presente la realidad que encuentra en el aula. Por otro lado en la escuela ya que hoy por hoy tiene un papel más equitativo en cuanto a la toma de decisiones que se tienen de la misma.
Eliana Flores y Jaqueline Lòpez.
La autora María cristina Davini, hace un reconocimiento de las tradiciones en la formación docente, cimentados en las instituciones y los estudiantes que lo frecuentan.
ResponderEliminarEsas tradiciones sufrieron reformas a lo largo de su historia, porque, parte de esas tradiciones eras obsoletas o simplemente no se obtenían los logros necesarios, así como también los cambios políticos las intervinieron todo eso genero un acantonamiento de dichas tradiciones.
La autora nos recuerda que comprender esas tradiciones nos lleva a reflexionar sobre nuestra propia formación docente.
La tradición normalizadora-disciplinadora, en un contexto de un país recién formado, en vías de expansión social, como territorial, con un fin aportado por el poder hegemónico del momento, el gobierno decidirá homogenizar las masas, a través de la erradicación de su cultura e imponiendo una cultura patriótica, y valorando las tradiciones impuestas. Para esto se preparó a los docentes en las escuelas normal.
La educación se convirtió desde ese momento en un instrumento disciplinador de las conductas, y homogeneizador ideológico de una población heterogenia y en vías de expansión.
La imagen del docente como formador cultural, también se desempeñaba como promotor de las campañas de salud y control público: Adopta una concepción positivista, donde el orden lo que determina el progreso, Homogeneización ideológica, donde la función principal era formal al ciudadano y el Docente es disciplinador de conductas, papel moralizador.
En la actualidad esta tradición se ubica en la idea utópica de la escuela, donde docente e institución son modelos, patrón, un arquetipo, ejemplos a seguir, pero no se contempla la idea de contenido carente de sentido. Modelo prescriptivo que indica todo lo que el docente debe ser, ya sea como modelo, ejemplo, símbolo entre otros.
La tradición académica, se distingue con respecto de 2 cuestiones básicas: Lo esencial en la formación y acción de los docentes es que conozcan sólidamente la materia que enseñan y la formación pedagógica es débil, superficial e innecesaria y aun obstaculizada la formación de los docentes.
La baja calidad no es el problema exclusivo de los cursos pedagógicos, sino que puede extenderse a la formación en la disciplina especifica.
En Argentina tiene sus orígenes en la enseñanza universitaria, en el monopolio de la formación de profesores para la enseñanza media y de los profesores de la universidad, la falta de una definición política para la enseñanza media y para la información de los profesores tanto en institutos terciarios como en la universidad. La discusión de nuevas propuestas queda, y así, de esta manera queda postergada sin superar los conflictos de origen.
La autora plantea la importancia de un sistema de permanente debate y ajuste acerca de que se enseña en las escuelas, dentro de un enfoque de política cultural. Los docentes deberían dominar los contenidos que enseñan. Nadie enseña realmente aquellos que no conoce de verdad.
En la actualidad esta tradición se presenta en los discursos de los docentes, donde no se plantea un aprendizaje mutuo, sino más bien con una sola orientación, ya que solo son aptos los saberes académicos.
La tradición eficientita, aparece en la década del 60´, ha producido la mayor manera de reformas en el sistema educativo, con una ideología desarrollista, con la necesidad de llegar a la sociedad “moderna”, llegar a ser una sociedad progresista, entendida como el estadio dl progreso técnico.
ResponderEliminarEsta tradición la educación se vincula de forma a la economía, la escuela es instrumento para apoyar el logro del producto del nuevo orden social.
Se introduce “la división técnica del trabajo escolar”, donde la función del docente queda relegada a la de ejecutor de la enseñanza, reproduciendo un curriculum, elaborado por otras personas, sin elaborar una transposición didáctica.
La psicología conductista significó una base importante para la elaboración de estos propósitos, contribuyendo a la consolidación de estos propósitos, con un enfoque centrado en la definición precisa de objetivos operativos y control de resultados.
En la actualidad esta tradición se hace presente en el mecanismo del proceso de enseñanza, la pérdida del docente sobre el control de la misma.
Las tendencias alternativas, circulan en el imaginario de los docentes, pero sin plantarse en planes concretos de formación, son proyectos hegemónicos que generan dos tendencias: La Pedagogía crítica social de los contenidos, que se centra en la recuperación de los contenidos significativos de la enseñanza y, por otro lado, la pedagogía hermenéutica participativa centrada en la modificación de las relaciones de poder en la escuela y en aula.
Las tendencias que han sido competitivas, no han conseguido interesarse en formas objetivas de formación de grado y en el trabajo docente, representan proyectos ideológicos-pedagógicos de los docentes, han convivido dentro de mensajes y practicas contradictorias, que llevan a una fragmentación entre el discurso y las practicas, en la circulación entre lo real y lo imaginario, tienen intereses difusos. Estos proyectos dependen de las políticas educacionales descentralizadas, lo que facilita la elaboración de proyectos locales.
En argentina y América Latina se desarrollaron al margen del aparato formal de grado, a través de proyectos voluntarios o autogenerados. En general, adoptan la forma de talleres docentes de enfoque participativo.
Las tradiciones en la formación docente en la Argentina construyeron imágenes sociales que permanecen en la práctica y se renuevan periódicamente en discursos y en acciones de acción política, cada una de estas tradiciones responden a distintos proyectos sociales, luchas políticas y grupos de interés.
Davini, plantea la necesidad de conformar las bases de un conocimiento y una práctica desde los grupos docentes, superando el conformismo y la pasividad.
Alejandra Martínez y Luz Hermoso